A mis personas queridas...
A propósito del terremoto que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto de 2026.
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Octavio Alzate, candidato OSB
8/11/20264 min read
24 horas después del sismo que ha dejado decenas de personas fallecidas, miles de heridos y miles de familias sin hogar, no podía dejar que algo así pasara por mi vida sin expresarme; aunque muchos aprovechan las redes sociales para ayudar, otros para atacar y unos cuantos para hacerse notar, yo deseo aprovechar este medio para hacer un llamado que muchos hemos olvidado y nos obliga como cristianos a expresarlo.
El terremoto no solo ha sacudido fuertemente la tierra por fenómenos geológicos, también ha sacudido nuestro corazón, nuestra mente y nuestra conciencia. A quienes queremos seguir a Cristo nos debe confrontar mucho más; me inquieta lo tibios que somos, lo sordos que nos hemos vuelto ante el llamado de Dios.
En los últimos años hemos sido testigos de guerras, desastres naturales, ataques a la iglesia, división en la casa de Dios, ideología de género, asedios y destrucción de la familia, del matrimonio; ataques a todo lo que Dios ha hecho bueno para el hombre.
Más allá de la religiosidad, del fanatismo errado o del sectarismo, quiero hacer un llamado a orar, a clamar a Dios por la conversión de nuestro pueblo; oremos para que nuestras familias, nuestros niños, nuestros jóvenes, todos elevemos la mirada a Dios Padre, para que nos perdone porque lo hemos relegado a un segundo lugar y en otras partes no se le reconoce como Dios Padre y creador de todo. Lo que tenemos es dado por Él en su infinita misericordia; nosotros somos su pueblo, como dice el salmo 94 en la oración del Laudes:
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, su pueblo,
el rebaño que él guía.
No olvidemos que tenemos un Dios, que está pendiente de nosotros y que sufre al ver a su pueblo pecar, alejarse de él, negarlo, no creer en su promesa; pensemos por un momento, así como el pueblo de Israel se alejó, desobedeció y fue tantas veces reprendido, castigado y restaurado, de igual manera está sucediendo ahora.
Somos su pueblo, nos alejamos de Dios de tantas formas, lo hemos puesto en segundo lugar, lo negamos cada día, lo ignoramos y regresamos a él a nuestra conveniencia; cuando permitimos que el orgullo nos aleje de las personas que amamos por no dar un perdón; cuando la soberbia nos gana y nos lleva a pensar que somos los mejores y pisoteamos a los que tenemos a nuestro lado; cuando ponemos en un pedestal a nuestros hijos, nuestras parejas o algún ídolo de barro que tanto abunda en estos tiempos; cuando servimos en el altar y nos creemos mejores que los demás o lo hacemos con el ego hinchado de orgullo; cuando desplazamos a Dios por un teléfono celular, por una película o una serie; cuando criticamos y mentimos por no quedar mal, cuando negamos un saludo o acudimos a la eucaristía vestidos como si fuésemos a cualquier discoteca o antro sin ningún tipo de respeto, aun sabiendo que ahí está Cristo Jesús presente.
Estamos en la obligación como cristianos de denunciar, evangelizar y profetizar. No pretendo ser un guía, ni más faltaba; les escribo estas palabras reconociendo que soy un pecador, imperfecto, débil, que desea compartir con ustedes estas letras que el ESPÍRITU SANTO ha puesto en mi mente. Es un llamado a la verdadera conversión; vivimos en el mundo, pero no somos del mundo, estamos peregrinando por esta tierra, nuestra vida es solo un soplo, cada día es un privilegio, un regalo para buscar a Dios. Aprovechemos el hoy, que es pasajero; vivamos por y para Cristo.
Transformemos nuestra vida en un evangelio, en una oración constante; sigamos las leyes de Dios, sus mandatos, no tengamos miedo de renunciar al mundo; al contrario, que esa sea nuestra meta y nuestro gozo. Somos el pueblo elegido por Dios, herederos de su reino por gracia de su hijo Jesucristo, que nos abrió las puertas del cielo y nos hizo partícipes de las primicias de su reino; por su sangre fuimos lavados, por su sacrificio perdonados, por sus enseñanzas podemos alejarnos de las tinieblas, del abismo insondable del pecado.
Un terremoto que ha sacudido la tierra, que nos ha tocado tan de cerca, no puede pasar como una catástrofe más; esto nos debe hacer reaccionar. Dios nos está llamando la atención, nos está diciendo que no seamos necios; no lo ignoremos más, escuchemos su voz, más allá de los razonamientos y explicaciones científicas. “No olvidemos que DIOS ES DUEÑO Y DADOR DE TODO; NADA EN ESTE MUNDO PASA PORQUE SÍ, ÉL ES DUEÑO DE TODO CUANTO EXISTE”. La verdadera iglesia estuvo fundada por personas con defectos iguales a los nuestros, con pecados, con imperfecciones, que se dejaron transformar por Jesús, que renunciaron a todo para seguirlo. Ninguno era perfecto, solo Dios lo es, pero aun así, reconociendo su imperfección, fueron llenos del ESPÍRITU SANTO, sanaron enfermos, expulsaron demonios, fundaron las primeras comunidades, sembraron la palabra de Dios por el mundo entero.
Hoy Dios solo espera que los sigamos de verdad, le respondamos SÍ, sí quiero seguirte, sí quiero ser sanado, sí quiero renunciar al mundo, sí quiero cargar mi cruz, sí quiero ser transformado.
Nuestra Madre María está con nosotros; ella intercede cuando nuestro vino se agota, pide a su hijo que llene nuestras tinajas del mejor vino. Ella, el ejemplo de humildad y obediencia, está con nosotros; no tengamos miedo.
Termino con estas palabras de nuestro maestro Jesús: “En verdad, en verdad os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre". Amén.
