La sandalia símbolo de un precursor
Juan reconoce que no tiene intención de robar la esposa de Cristo, la Iglesia. Él no es el novio; es el precursor.
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Gabriel Herrera
1/2/20264 min read
Hay algo que siempre me ha interesado de la figura de Juan el Bautista aparte de su entrega y es el momento en el cual afirma no ser digno de desatar las sandalias de nuestro Señor. Más allá de un gesto de humildad, es una frase cargada de varios aspectos que van desde lo legal hasta lo profundamente espiritual que incluso aplican al día de hoy.
Cuando leemos los Evangelios, solemos interpretar la frase de Juan el Bautista: No soy digno de desatar la correa de su calzado, como un simple acto de humildad extrema. Pensamos en un siervo haciendo el trabajo más bajo por su señor. Sin embargo, para los oídos del siglo I, esta frase escondía un secreto legal y matrimonial que conectaba directamente con una de las historias más hermosas del Antiguo Testamento: la de Rut y Booz.
Si miramos el antiguo Israel, las sandalias no eran solo ropa; eran títulos de propiedad. Debido a que la tierra se recorría a pie, poner la planta del pie sobre un terreno simbolizaba posesión. Por ello, entregar una sandalia era igualmente legal a firmar una escritura ante un notario.
Pero había un contexto donde la sandalia era vital: La Ley del Levirato y el pariente redentor, Goel.
Según la ley en Deuteronomio 25, si un hombre moría sin hijos, el pariente más cercano debía casarse con la viuda para protegerla y asegurar la descendencia del difunto. Si el pariente se negaba a cumplir con este deber de amor y justicia, se realizaba el rito de la Halizah: la mujer le quitaba la sandalia al hombre, simbolizando que él perdía su derecho a caminar sobre esa propiedad y a reclamar a esa mujer.
Entonces, si queremos entender a Juan, debemos conocer a Rut. Ella era una viuda extranjera, sin derechos y en la miseria. Su pariente redentor legal era un hombre anónimo que, al final, decidió que no quería redimirla.
En Rut 4:7-8, vemos que para confirmar cualquier asunto, uno se quitaba la sandalia y se la daba al otro. Ese pariente se quitó la sandalia y se la entregó a Booz. Al hacerlo, le estaba transfiriendo legalmente el derecho de casarse con Rut. Booz se puso la sandalia y reclamó a su novia.
Siglos después, aparece Juan el Bautista en el Jordán. El pueblo está expectante, preguntándose si Juan es el Mesías, su Redentor. Es aquí donde la frase de la sandalia se aclara. Al decir que no es digno de desatar la correa de su calzado, Juan está usando un lenguaje técnico judicial: "Yo no soy el Novio": Juan está declarando que él no viene a reclamar para sí a la “Novia”, el pueblo de Israel. "Él tiene el derecho legal”, al reconocer que la sandalia pertenece a Jesús, Juan afirma que Jesús es el Verdadero Redentor.
Al declarar la superioridad de Cristo, Juan dice que ni siquiera tiene el derecho de iniciar el proceso de quitarle la sandalia a Jesús, como se le quitaba al pariente que no cumplía, porque Jesús SÍ está dispuesto y es capaz de redimir a su pueblo.
Pero trayendo esto a nuestros días, ¿Por qué esto es importante para nosotros hoy?
Este detalle cambia nuestra mirada del Evangelio. Jesús no viene solo como un maestro o un profeta; viene como el Esposo y Redentor. Rut representa a la humanidad, extranjera, viuda de esperanza y sin recursos legales para salvarse a sí misma.
Jesús es ese Booz, aquel que no se quita la sandalia para pasarle la responsabilidad a otro, sino que la calza con autoridad y firmeza para caminar hacia nosotros, pagar nuestra deuda y hacernos su familia.
San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia Vulgata, fue uno de los primeros en conectar formalmente el gesto de la sandalia con el derecho matrimonial. San Jerónimo argumentaba que, según la ley de Moisés, si un hombre no quería tomar a una mujer por esposa, debía desatarse su calzado. Al decir que él no es digno de desatar la sandalia de Jesús, Juan afirma que Jesús es el verdadero Esposo.
Juan reconoce que no tiene intención de robar la esposa de Cristo, la Iglesia. Él no es el novio; es el precursor.
Benedicto XVI en su obra Jesús de Nazaret, profundiza en la figura de Juan el Bautista y su relación con el ritual del calzado. Señala que “la humildad de Juan no es solo moral, sino cristológica. Juan entiende que Jesús viene a cumplir el papel de Redentor, Goel. Para Ratzinger, este gesto subraya que la misión de Jesús es una misión de fidelidad conyugal hacia la humanidad. Mientras que otros líderes o profetas fallaron en redimir a Israel, Jesús es el único que calza los zapatos de la autoridad divina para rescatar a su pueblo”.
Por otra parte, San Gregorio Magno ofrece una interpretación mística muy interesante; él argumentaba que “la sandalia representa la humanidad de Cristo. Así como el calzado es cuero muerto que protege el pie, la humanidad de Jesús es el vestido que protege su divinidad al caminar por el mundo”.
Juan dice que no puede desatar la sandalia porque el misterio de la Encarnación, Dios haciéndose hombre, es tan profundo que el entendimiento humano no puede desatar o explicar plenamente cómo Dios y el hombre son uno en Cristo.
Según el Catecismo (n. 523-524) Juan como el amigo del esposo: “es el modelo de la Iglesia que no se busca a sí misma”. Rut es vista como una figura de la Iglesia de gentiles que se unen a la fe, y la declaración de Juan aseguraría que el matrimonio místico entre Cristo y la Iglesia es legítimo, legal y eterno.
La frase de Juan viéndola de forma simplista, pasaría desapercibida y en extremo humilde; suena a alguien que solo bajó la cabeza para dar paso al amor, pues solo el dueño de la sandalia, Jesús, tiene el derecho de entrar en la alcoba matrimonial del corazón humano. En realidad es una frase y un gesto bastante poderoso con un trasfondo histórico real.
Cuando unimos los diferentes contextos, no vemos solo a un hombre humilde. Miramos a un precursor señalando al único que tiene el derecho legal de amarnos hasta el extremo. Juan sabía que el Novio había llegado al banquete, y su mayor alegría no era ser el protagonista, sino ser quien entregaba la sandalia al verdadero dueño del amor y de la historia.
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