¡Ya viene el amor a rescatarnos y Él será nuestra paz!
Despertar no es hacer más; es dejar que Él entre, es abrir espacio, es desocupar el alma y creer que, aun en nuestras sombras, Dios quiere nacer. Es la certeza de que el Emmanuel no busca cosas perfectas, sino corazones disponibles aunque estén agrietados o cansados, y rincones que aún necesitan luz y amor.
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Presbítero Francisco Xavier García Rodríguez
12/31/20253 min read
Dios viene en "presente continuo"; no ayer, no mañana. Hoy... ahora. Ahora te espero con lo que tengo, con lo que puedo, con lo que soy. En el silencio sagrado que envuelve mi vida cotidiana, contemplo el misterio humilde del Dios que se hace pequeño, con rostro de niño indefenso, pobre y frágil, que se deja abrazar por toda la humanidad.
Desde esta luz que brota del pesebre, levanto mis manos y mi corazón para interceder por ti y por tu familia. Su amor se ha hecho ternura y bondad que sostiene mi vida entregada a la alabanza, donde glorifico al Dios eterno que se hace carne para ser DIOS CON NOSOTROS. Es ver, oír y tocar las señales en el cielo; pero tú y yo sabemos que los signos de Dios suelen ocurrir más cerca: en un diálogo que nos mueve, en una intuición que se repite, en un cansancio que revela que ya no podemos vivir igual, en una ruptura que desnuda lo esencial o en un deseo que vuelve a nacer; en la suave brisa del acontecer de Dios apacible, luminoso y alegre.
Navidad es ese momento en que Dios toca la puerta y dice: "Despierta, que viene la luz que estabas esperando". Despertar no es hacer más; es dejar que Él entre, es abrir espacio, es desocupar el alma y creer que, aun en nuestras sombras, Dios quiere nacer. Es la certeza de que el Emmanuel no busca cosas perfectas, sino corazones disponibles aunque estén agrietados o cansados, y rincones que aún necesitan luz y amor.
En este tiempo favorable de Navidad, vuelvo a mirarme por dentro y descubro que soy frágil, sensible y pobre, como un establo donde Tú lloras con el deseo de salvarme. Enciendes mi esperanza para ordenar lo que está roto, para sanar lo que pesa y para despertar lo que duerme. Ven, Emmanuel; haz de mi corazón tu pesebre, tu espacio humilde, tu hogar en lo cotidiano. Quédate en mi vida, ilumina mis sombras y sorpréndeme con tu presencia.
Que esta Navidad sea un comienzo nuevo donde Tú nazcas de verdad en mí, y pueda desnudar el alma para descubrir a Dios en la vida tal como llega: sin filtros, sin prisas, sin pretensiones. Es dejar que tu corazón bueno se vuelva amable paisaje de Belén; es permitir que la mirada recupere luz para acariciar la vida simple y profunda. Entreguémosle ese poquito de luz y deja que Él, como siempre, haga lo inesperado: sanar lo que pesa, multiplicar lo que falta y encender lo que está apagado.
Que cuando Él venga a nacer lo encuentre todo preparado; no perfecto, pero sí verdadero y firme. Él no quiere nacer solo en tu rutina y cansancio; quiere nacer en tu búsqueda sincera, en tu confusión, en eso que no has contado a nadie. Quiere nacer también en la parte de tu vida donde tú aún no ves nada, en lo pequeño pero verdadero. Aunque el camino todavía esté oscuro, tal vez Dios te esté pidiendo algo sencillo pero radical.
Haz espacio, limpia tu corazón, suelta un peso, enciende tu fe. Prepárate, porque lo que viene es Dios, y Dios no llega a medias: llega entero, llega siempre. No se trata de correr más, sino de hacer espacio, de bajar el ruido interior, de confiar incluso cuando no entendemos y de creer que el silencio también es respuesta.
Donde estés, Dios te guíe. Donde vayas, Dios te acompañe. En lo que hagas, Dios te ilumine y, en todo momento, Dios te bendiga abundantemente en el nuevo año 2026.
Siempre serás para mí el rostro, la voz y el abrazo de Dios enamorado de nuestra pequeñez.
Francisco Xavier García Rodríguez, Presbítero - Monje Benedictino del Monasterio Benedictino de Santa María de la Asunción de Envigado, Colombia.
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